KevinMcCabe English from Diego Errazuriz Guler on Vimeo.
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KevinMcCabe English from Diego Errazuriz Guler on Vimeo.

Se proponen tres niveles sobre los edificar un puente entre el Management y las Neurociencias.
El saber acumulado durante los últimos años ha permitido comprender cómo funcionan muchos de los procesos mentales cotidianos. Este conocimiento ha pasado de ser puramente descriptivo o explicativo (“determinada función mental depende de determinada estructura cerebral”), a operar “hacia delante” para buscar formas de optimizar nuestros procesos mentales y mejorar nuestra calidad de vida.
En relación a los procesos creativos, por ejemplo, se ha podido demostrar su estrecha relación con el hemisferio derecho de nuestro cerebro, que tiene una forma de operar típicamente divergente e intuitiva. Actualmente existen técnicas y ejercicios que contribuyen a potenciar las habilidades “creativas” de nuestra mitad izquierda del cerebro, que por el tipo de educación imperante, suele ser el que domina el funcionamiento cerebral. Así mismo, proliferan por todas partes estudios que demuestran la eficacia de técnicas como el brainstorming o los mind map para potenciar nuestras capacidades creativas, de decisión y nuestro propio rendimiento laboral.
Por otra parte, pensemos en los beneficios que puede reportar para un empleado cualquiera una mejora en la administración de su tiempo (time management). Aquí la persona determina sus necesidades, plantea metas para alcanzar, planifica su agenda y monitorea su comportamiento a la luz de estos nuevos objetivos. Todo esto está enfocado a lograr un efectivo uso de su tiempo y un incremento en su rendimiento laboral.
Finalmente y relacionado con el punto anterior, aparece el fenómeno del stress laboral como una verdadera epidemia para las organizaciones. En la actualidad contamos con el conocimiento y las técnicas que permiten realizar intervenciones individuales que podrían tener alcances significativos en la prevención de esta enfermedad. Se trata de generar condiciones de trabajo más amigables y menos distanciadas de nuestra condición de personas complejas, fluctuantes y con una subjetividad muchas veces ignorada por las organizaciones.

Últimamente el Management ha ampliado su campo de acción en busca de nuevas herramientas que ayuden a la comprensión del complejo entorno que rodea a las organizaciones. Aquí, el coaching ha construido interesantes puentes entre el Management y las Neurociencias, generando un espacio de desarrollo fértil. De esta manera, en el ámbito organizacional ya se van haciendo familiares conceptos como Programación NeuroLinguística (PNL), metacognición, inteligencia emocional o creatividad. Al mismo tiempo, hay autores que crean conceptos audaces como “neuromanagement” o "neuromarketing”. A continuación, se proponen tres conceptos alrededor de los cuales construir un espacio de diálogo entre el Management y las Neurociencias:

Notions about innovation have undergone a sea change in the last decade. Where once we embraced the idea of the lone scientist or entrepreneur and divine inspiration, we now see networks of creative people collaborating in the myriad steps from brainstorm to finished product. This new understanding has aligned perfectly with the emerging concept of social capital, the idea that strong social networks—tight communities bound by shared norms, trust, and reciprocity—enhance cooperation and productivity. When people belong to communities with high levels of social capital, the theory goes, they’re far more willing to work together and take chances on risky ideas. It followed that high social capital would fuel innovation.
Our studies of regional innovation and economic development, however, show just the opposite. In independent ongoing research projects, we looked at hundreds of metropolitan areas in the United States, comparing levels of social capital and levels of innovation (as measured by technological intensity and number of patents filed). We found that areas with low levels of innovation—such as Bismarck, North Dakota; Birmingham, Alabama; and Cleveland—scored high on social capital. Conversely, areas that did well on innovation—Seattle; Boulder, Colorado; and the San Francisco Bay area—tended to have below-average levels of social capital.
Why? Research has shown that weighing against the benefits that strong ties create is another dynamic. Relationships can get so strong that the community becomes complacent and insulated from outside information and challenges. Strong ties can also promote the sort of conformity that undermines innovation. Weak ties, on the other hand, allow a basic level of information sharing and collaboration while permitting newcomers with different ideas to be accepted quickly into the social network. Thus, social groups with weak ties could be expected to encourage innovative thinking.
This finding has implications for where companies locate their operations. We found two seemingly unrelated indexes to be excellent predictors of a region’s level of innovative activity. The first assesses an area’s social tolerance and diversity by estimating its proportion of gay couples in the population—the so-called gay index. The second, the bohemian index, measures cultural activity by determining the proportion of artists such as musicians, designers, writers, actors, photographers, and dancers in the labor force. Regions that rank high on the gay and bohemian indexes are likely to have the weaker social ties that promote innovation. Of the 206 regions we measured, San Francisco, Seattle, and Washington DC rank in the top ten on the bohemian and gay indexes, as well as on one of our key measures of innovative activity.
Increasingly, creative people are choosing not to live in places with high social capital. Instead, they’re flowing to environments with low social capital, cities and college towns where they can fit in quickly but still find their ideas challenged by other people, whether in business or the arts. These findings have implications for nurturing innovation within companies as well. Companies that foster diversity and openness internally—even at the cost of some cohesiveness—may do better in attracting talented, creative employees and encouraging innovative collaboration.
Ver artículo en su contexto:
http://hbr.org/2002/08/when-social-capital-stifles-innovation/ar/1

http://www.mundovision.cl/?public_seminars
Parece existir un consenso cada vez mayor en otorgarle a las emociones un papel crucial en los procesos de toma de decisiones y razonamiento (TDR). Las investigaciones realizadas por Damasio (especialmente en el contexto de su hipótesis del marcador somático) y los trabajos con pacientes con lesiones cerebrales en regiones asociadas a las emociones, son una evidencia importante de la estrecha relación existente entre emoción y razón.
En general, se suele coincidir en que frente a cualquier situación que suponga decidir entre 2 o más opciones, lo primero que ocurre es el surgimiento de un proceso emocional, automático y determinante. Este proceso emocional viene de la mano con la inducción de un patrón cognitivo particular, provisto de sesgos atencionales, memorísticos e interpretativos. A través de esta conexión y la información propioceptiva que recibimos en la región somatosensorial derecha, nuestro cuerpo nos otorga un reporte actualizado y preciso de su situación (marcador somático). Todos estos cambios contribuyen a que podamos tomar decisiones ventajosas mucho más de lo que el azar podría implicar. Al resaltar las opciones deseables o desincentivando aquellas menos susceptibles de éxito, nuestro cuerpo limita el campo de elección, aumentando así las posibilidades de escoger acertadamente.
Es probablemente en las cortezas prefrontales donde se lleva a cabo la mayor parte de nuestros procesos de TDR, y es por ello que aquí mismo se pierde la diferenciación entre lo racional y lo emocional. Los enormes esfuerzos investigativos de Damasio y otros autores respecto a este sector reducido de los lóbulos frontales, ponen en evidencia que ni siquiera neuroanatómicamente existe una división clara entre la emoción y la razón.
En el proceso de categorización de nuestras experiencias, donde las cortezas prefrontales sostienen una compleja combinación de información de estados somáticos (presentes y pasados), de experiencias almacenadas, de los acontecimientos actuales, etc; es donde podríamos decir que la emoción y los procesos de TDR se cruzan funcionalmente. Estas experiencias categorizadas son básicas cuando se quiere anticipar el futuro o planificar y decidir ventajosamente, en un contexto de relevancia personal y de adaptación. Finalmente, en cada decisión que tomamos, hay un marco referencial somático/ emocional, que nos ayuda a optimizar nuestras decisiones y razonamientos.
El mecanismo por el que las emociones influyen nuestro modo de pensar y decidir, empieza a operar desde el comienzo de la percepción del estímulo a través de diferentes procesos.
Nuestro organismo que entiende bien que se debe ser competitivo y eficiente para sobrevivir, ha dispuesto de una especie de procesado escalonado para elaborar la información. La amígdala ejerce un papel de puente entre estos dos procesos facilitado por sus múltiples aferencias y eferencias con diferentes estructuras cerebrales. Vemos que a través de las conexiones tálamo- amigdalinas, se produce un procesamiento del componente afectivo de las características básicas del estímulo, es decir un procesado preliminar de la información. En un segundo momento, mediante las conexiones córtico- amigdalinas se incorpora el componente emocional en el procesamiento de la información
Dado que la conexión tálamo- amigdalina es más corta y se activa antes que la tálamo- cortical, serán las características básicas de los estímulos las que activarán en primer lugar los circuitos amigdalinos, preparándola para recibir la información más elaborada proveniente de la corteza. En síntesis tenemos que la amígdala haría una evaluación más general sobre la naturaleza del impacto emocional del estímulo para generar las respuestas inmediatas que sean necesarias; luego las aferencias corticales le harían reinterpretar y complejizar su impacto emocional, contrastando y jerarquizando las diferentes posibilidades de respuestas.
Esta división de nuestro proceso perceptivo en dos fases de análisis emocional, permite optimizar nuestras repuestas y los recursos que necesitamos para la eficiente consecución de ellas. También evidencia los distintos procesos y etapas que son afectados por nuestro proceso emocional.
Hemos visto que el estado que podamos tener de nuestro cuerpo, así como la representación actualizada y certera que tengamos de él, es una condición determinante en nuestros procesos de toma de decisiones y razonamiento (TDR) y en nuestras emociones. Una lesión en la corteza somatosensorial derecha, conlleva una incapacidad de hacerse una representación mental de nuestro cuerpo; pero al mismo tiempo, produce una merma de nuestro funcionamiento emocional y de nuestro proceso de TDR. Lo anterior sugiere que al fallar la información que tenemos sobre nuestro propio cuerpo, fracasa también uno de los objetivos de nuestro proceso emocional, consistente en reconocer a través de nuestras sensaciones, los estados somáticos subyacentes a cada emoción.
Podríamos decir que las emociones son el lenguaje a través del cual el cuerpo comunica su estado y que un daño en nuestra corteza somatosensorial derecha, impide que podamos recibir dicho mensaje. Esta sería la razón por la que estos pacientes fracasan sistemáticamente en los procesos de TDR. El cuerpo se ve impedido de comunicar su estado actual con lo que se perdería esta importante información. Podríamos suponer que esto es una herencia de nuestro pasado filogenético, cuando las decisiones que solíamos tomar como especie, estaban mucho más relacionadas con cuestiones de supervivencia inmediata. En aquella época los datos sobre nuestro cuerpo, debieron ser mucho más relevantes para la sobrevivencia de lo que pueda resultar hoy.

Sólo un proceso tan importante para nuestra adaptación como son las emociones, es capaz de congregar tan diverso y selecto grupo de estructuras cerebrales requeridas para su desarrollo. Entre ellas la región prefrontal ventromediana (RPV) y la amígdala, centraran nuestra atención por presentar un pap
el paradigmático en esta asociación razonamiento/ emoción. En particular, en
Estudios de pacientes con daño en
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Hemos visto que el estado que podamos tener de nuestro cuerpo, así como la representación actualizada y certera que tengamos de él, es una condición determinante en nuestros procesos de TDR y en nuestras emociones. Una lesión en la corteza somatosensorial derecha, conlleva una incapacidad de hacer una representación mental del propio cuerpo; pero al mismo tiempo, produce una merma del funcionamiento emocional y, por ende en los procesos de TDR. Lo anterior sugiere que al fallar la información que tenemos sobre nuestro propio cuerpo, fracasa también una de los objetivos de nuestro proceso emocional, consistente en reconocer a través de nuestras sensaciones, los estados somáticos subyacentes a cada emoción Podríamos decir que las emociones son el lenguaje a través del cual el cuerpo comunica su estado y que un daño en nuestra corteza somatosensorial derecha, impide que podamos recibir dicho mensaje. Esta sería la razón por la que los pacientes con daños en esta parte de la corteza, fracasan sistemáticamente en los procesos de TDR. El cuerpo se ve impedido de comunicar su estado actual con la que se perdería esta importante información. Podríamos suponer que esto es una herencia de nuestro pasado filogenético, cuando las decisiones que solíamos tomar como especie, estaban mucho más relacionadas con cuestiones de supervivencia inmediata. En aquella época los datos sobre nuestro cuerpo, debieron ser mucho más relevantes para la sobrevivencia de lo que pueda resultar hoy.
Las creencias compartidas -la cultura- dentro de cada empresa son cruciales para el éxito, dice David Fischman, Ph.D. de Boston University, destacado autor, consultor y columnista internacional. El próximo 29 de abril estará en Chile en un seminario sobre management y cultura organizacional, para explicar las herramientas concretas que convierten al factor humano en una poderosa ventaja competitiva. Ese día también lanzará su último libro, "Cuando el liderazgo no es suficiente", en el que da las claves para desarrollar la inteligencia cultural en las empresas. Para el experto, se necesitan algunos aspectos comunes como el respeto, reconocimiento, justicia y equidad, más el resto de las creencias que cada estrategia requiera, para trabajar una buena cultura empresarial.
-Ud. dice que la cultura de una compañía es determinante en su competitividad y éxito. En tiempos de crisis, ¿cómo explica esto?
"En crisis, la empresa tiene que pensar cómo sobrevive y qué hace diferente para poder sobrevivir. Eso es innovación, es cambiar. En crisis ocurren dos fenómenos: uno, la austeridad, y dos, la innovación, ver cómo diablos saco productos nuevos para sobrevivir. Si no entiendes el tema de la cultura, va a ser difícil que puedas orientar a tu empresa a hacer innovación, pues ésta es un rasgo cultural. Si en tu empresa una persona trató de hacer algo diferente y fue un escándalo y hasta se le despidió, eso creará una leyenda urbana y una creencia en la gente de que es mejor no hacer nada nuevo. Esa creencia, que ahora es compartida por toda la empresa, crea una barrera para innovar. El liderazgo no es suficiente, porque si hay una creencia, va a ser difícil innovar. Debes entender qué cultura tienes y cuál necesitas para hacer exitosa a tu empresa. La cultura es como una fuerza invisible, no la ves pero es determinante en si vas a poder mover tu empresa hacia un lado o hacia el otro".
-¿Cómo ve la cultura organizacional chilena?
"En términos generales, en Chile hay mayor distancia de poder. La gente se acomoda muy bien a las jerarquías, tiende a no decir lo que piensa tan directamente. Me parece que a menos distancia de poder más velocidad, y a más velocidad más rentabilidad".
-El desempleo está subiendo, ¿los empresarios deberían evitar despedir gente?
"Eso lo debe definir cada empresa; de hecho, el despido de las personas es un generador de cultura. Si yo despido a personas porque quiero mantener mi rentabilidad y las dejo en la calle, mando un mensaje de que lo único que importa es la plata. Si hay empresas que están comprometidas con el recurso humano, aguantan el carro y ganan menos, mandas un mensaje cultural importante de que las personas importan".
-Su libro está dirigido a ejecutivos de alto nivel, gerentes, jefes y personas que inician su carrera empresarial, ¿cómo hacerles entender que deben invertir en un área que no da resultados inmediatos, sobre todo en tiempos de crisis?
"Plata no cuesta nada, es mínima, lo que cuesta es esfuerzo, atención y concentración de tu tiempo como gerente en el tema. Con mejor clima laboral se maneja mejor la cultura en la empresa. Es impresionante cómo la gente rinde más, no es plata, es atención. En crisis no digo que es más difícil, pero sigue siendo importante. La única diferencia es que eres un poco más austero, pero igual tienes que hacer comunicación, alinear tu sistema de incentivo con la cultura que quieres formar".
-¿Formar una buena cultura es responsabilidad exclusiva de los altos cargos?
"La cultura se forma de arriba para abajo, y se forma por dos elementos: por un tema que tiene que ver con el liderazgo (a qué le presta atención el líder, qué prioriza el líder...), y segundo, por alinear las tácticas de recursos humanos con la cultura. Pero un jefe que está abajo puede entender cómo formar una especie de subcultura más adecuada a la estrategia. Si viene un gerente que no acepta críticas y se reúne con su equipo, y habla de su idea, pero todo el mundo piensa que es una estupidez, y nadie dice nada, eso le costará plata a la empresa después. Cuando la gente tiene creencias disfuncionales en la cabeza generadas por el mismo jefe o gerente puede convertirse en un problema. Afecta la rentabilidad de una empresa en el sentido de que perjudica la comunicación, y obviamente al afectar esto, el gerente no recibe el feed back y puede meter la pata. En segundo lugar, afecta la velocidad de la organización".
-¿Por qué se necesita inteligencia cultural para el éxito de una compañía?
"Estrategia es definir qué ventajas diferenciales tiene tu empresa. Para ser exitoso en cierto entorno requiero estas ventajas diferenciales. La cultura tiene que ayudar a que esas ventajas diferenciales se establezcan y se incrementen, la idea es aquella que sirve a los propósitos de la estrategia. Wal-Mart es una empresa de bajo costo, y todo su tema está centrado en la productividad y el bajo costo. Entonces la cultura que tiene Wal-Mart debe estar alineada con lo que requiere como estrategia. Uno debe entender qué ventajas requiere mi empresa y cómo contribuyo a generar esa cultura para ayudar a que la estrategia sea exitosa. Si yo asciendo a una persona que logra muy buenos resultados, pero que trata pésimo a la gente, el mensaje que mando es: "Aquí la gente no importa", entonces estoy haciéndole daño a mi estrategia. Hay que alinear todas las variables, para que los mensajes que yo mande internalicen creencias que vayan alineadas con la cultura que yo requiero para competir".

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