
Les dejo una interesante entrevista a Rafael Echecerría experto en Coaching. Aquí explica cuáles son las bases de su Coaching Ontológico
http://www.newfieldconsulting.com/documentos/Articulo_1.pdf
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De eso se trata, de que alguien explique cómo se explica y, en lo posible, cómo es que explica la ciencia, que ha dedicado su larga existencia a interpretar los distintos fenómenos.
El tema de saber cómo es que opera la ciencia no es menor y por ello la filosofía, madre de todas las disciplinas científicas, ha encargado a la epistemología esta ardua labor. No es un asunto menor puesto que saber cómo conoce la ciencia está en estrecha relación con qué es lo que podemos conocer y, en definitiva, con qué es la realidad.
Como alguna vez lo dijo Bateson, todo científico debe explicitar sus presupuestos y, en esa misma línea, también es necesario que la ciencia misma pueda responder por la solidez de sus propios fundamentos. Fundamentos que a su vez, se insertan dentro de un paradigma que los avala y que de todos formas es importante someter a examen en ocasiones. De hecho, el paradigma científico en el que hemos vivido en los últimos tiempos y a la luz del que hemos interpretado el mundo, viene siendo cuestionado desde ya algunos años.
Este paradigma vigente ha dominado en nuestra cultura hace varios siglos y ha influido de manera determinante en el desarrollo de la cultura occidental. Se caracteriza en términos generales y entre otras cosas, por una visión mecanicista del universo, concepción heredera de la tradición newtoniana; en la visión del cuerpo humano como si fuera una máquina; y en la justificación de una supremacía del hombre. Algunos han llamado a esta concepción de la realidad como un paradigma newtoniano- cartesiano.
Intentar pensar el mundo con nuevas categorías implica un desafío importante, puesto que la mente debe inventar dichas categorías y remover otras que han sido grabadas con fuego en nosotros. Además, lo estados mentales ofrecen gran resistencia al cambio y tienden a su autopreservación. Veamos lo anterior con un ejemplo:
Hemos sido enseñados a pensar en que que toda causa tiene un efecto y que esta asociación es siempre en ese orden, es decir, primero está la causa y luego el efecto. Pero qué pasa en una situación como la siguiente, que se ha vuelto como el ejemplo prototípico para cuestionar la causalidad lineal:
Un matrimonio acude al psicólogo y la mujer empieza contando que su problema es que ella siempre llora porque su marido “toma” (alcohol) y que eso la tiene triste. El marido, por su parte, refiere que su problema es que su mujer llora todo el día y por eso él “toma”. Gráficamente esta situación estaría representada por un esquema como el de la imagen.
¿Cuál es la causa y cuál es el efecto?
Situaciones como estas sólo pueden ser entendidas a través de nuevos modelos o ideas que permiten comprender fenómenos complejos o recursivos como la causalidad circular o la cibernética. Estas nuevas formas de pensar ya suponen un cambio y una nueva mirada de los fenómenos.
Parece existir un consenso cada vez mayor en otorgarle a las emociones un papel crucial en los procesos de toma de decisiones y razonamiento (TDR). Las investigaciones realizadas por Damasio (especialmente en el contexto de su hipótesis del marcador somático) y los trabajos con pacientes con lesiones cerebrales en regiones asociadas a las emociones, son una evidencia importante de la estrecha relación existente entre emoción y razón.
En general, se suele coincidir en que frente a cualquier situación que suponga decidir entre 2 o más opciones, lo primero que ocurre es el surgimiento de un proceso emocional, automático y determinante. Este proceso emocional viene de la mano con la inducción de un patrón cognitivo particular, provisto de sesgos atencionales, memorísticos e interpretativos. A través de esta conexión y la información propioceptiva que recibimos en la región somatosensorial derecha, nuestro cuerpo nos otorga un reporte actualizado y preciso de su situación (marcador somático). Todos estos cambios contribuyen a que podamos tomar decisiones ventajosas mucho más de lo que el azar podría implicar. Al resaltar las opciones deseables o desincentivando aquellas menos susceptibles de éxito, nuestro cuerpo limita el campo de elección, aumentando así las posibilidades de escoger acertadamente.
Es probablemente en las cortezas prefrontales donde se lleva a cabo la mayor parte de nuestros procesos de TDR, y es por ello que aquí mismo se pierde la diferenciación entre lo racional y lo emocional. Los enormes esfuerzos investigativos de Damasio y otros autores respecto a este sector reducido de los lóbulos frontales, ponen en evidencia que ni siquiera neuroanatómicamente existe una división clara entre la emoción y la razón.
En el proceso de categorización de nuestras experiencias, donde las cortezas prefrontales sostienen una compleja combinación de información de estados somáticos (presentes y pasados), de experiencias almacenadas, de los acontecimientos actuales, etc; es donde podríamos decir que la emoción y los procesos de TDR se cruzan funcionalmente. Estas experiencias categorizadas son básicas cuando se quiere anticipar el futuro o planificar y decidir ventajosamente, en un contexto de relevancia personal y de adaptación. Finalmente, en cada decisión que tomamos, hay un marco referencial somático/ emocional, que nos ayuda a optimizar nuestras decisiones y razonamientos.



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